Nacemos, no conocemos nada, no sabemos nada, solo somos unas criaturas indefensas en medio de un mundo demasiado grande para nosotros. Poco a poco empezamos a saber y a tener nuestros propios recuerdos, todos felices. Llega la guardería, conocemos a nuestros primeros amigos con los que pasamos todo nuestro tiempo y de los que no nos separamos ni por un momento, son las primeras personas a quienes llamamos "mejores amigos". En el colegio aun conservamos a los mismos, somos uña y carne y nadie puede separar a nuestro grupo, pero llega la secundaria y y todo se tuerce. Un lugar donde tú ya no eres el mayor, donde te mezclan con chicos y chicas que ya tienen hasta carnet de coche cuando tu no tienes ni tu primera menstruación.
Conoces a gente, unas mejores otras peores pero nada que ver con los amigos del colegio. Necesitas tener a alguien ahí, no sentirte solo, que no te intimiden, necesitas encajar y para eso haces lo que sea, incluso dejar de lado a todos ellos con los que has pasado tu infancia, no importa que te expulsen de clase, pero tú no puedes ser expulsado del grupo. En el momento en que dejas de lado a esas personas que eran tus amigos es cuando te das cuenta de esas amistades de conveniencia no sirven de nada, porque te das cuenta de que ellos no son tus verdaderos amigos, que no hay explicación a por qué te dejaron de lado en los peores momentos de tu vida, te das cuenta de que los amigos verdaderos son aquellos que siempre estuvieron a tu lado, que no les importa de donde vengas ni lo que hagas, los que no te dejan de lado en ningún momento, que siempre te apoyan y te quieren ante todo.
De esos hay muy pocos, tan pocos que los puedes contar con una mano, incluso hay momentos en los que dudas de si lo has encontrado de verdad, pero yo tengo algo que me dice que sí, que yo he encontrado a mi mejor amiga.
que bonita la infancia y el paso del tiempo...
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